ENTORNO

BELMONTE

Belmonte es un pueblo para perderse, con un alma luminosa y con un importante patrimonio arquitectónico, histórico y cultural; cuna de Fray Luis de León donde los protagonistas son sin duda el castillo gótico-mudéjar del siglo XV y la Colegiata.

 

Te recomendamos que reserves una ruta guiada por la villa de la mano de María y Lourdes. Más información en: http://www.turismobelmonte.es/

 

- Castillo gótico-mudéjar del siglo XV. Constituye un valioso tesoro patrimonial para la región y para el conjunto monumental español. Es posible visitar el interior del edificio, totalmente restaurado y amueblado.

 

- Colegiata de San Bartolomé del siglo XV construida sobre una anterior iglesia visigótica, contiene un importante patrimonio de arte sacro. Destaca la pila bautismal de Fray Luis de León y la sillería del coro (primera sillería historiada de la Península Ibérica).

 

- Casa Bellomonte (C/Lucas Parra, 20), es una casa-museo en donde todo se puede tocar. En ella se recrea el día a día en un hogar del siglo XV. Te transportará a la época medieval.

 

- Plaza del Pilar, con sus dos pilares: el dulce y el salobre. Donde también podemos ver el Colegio de los Trinitarios, actual centro de salud de la villa.

 

- Plaza de Correos y Telégrafos.

 

- Muralla y arcos de Chinchilla, de la Estrella y Almudí. 

VILLAESCUSA DE HARO (A 6 KM)


Pequeño pueblo con un importante patrimonio monumental:

 

- Iglesia Parroquial de San Pedro, en la que destaca el maravilloso Retablo de la Asunción, declarado monumento nacional.

 

- Ruinas del Convento de los Dominicos de la Santa Cruz.

 

- Universidad non nata. En el s. XV el obispo Diego Ramírez comenzó la construcción de un Colegio Universitario que pretendía convertirse en la primera universidad de la zona sur de la Península. Sin embargo, cuando el cardenal Cisneros fundó la Universidad en Alcalá de Henares, paralizó las obras.

 

MOTA DEL CUERVO (A 17 KM)


Apodada el "Balcón de la Mancha" porque desde el enclave de los molinos de viento, podemos ver toda la llanura manchega. Recomendamos realizar la visita con la caída del sol, los atardeceres resultan espectaculares.

 

A 8 km de esta población, se encuentra la Laguna de Manjavacas, un humedal que hará las delicias de los amantes de la ornitología. Frecuentada por numerosas aves como flamencos, cigüeñuelas, andarríos, patos colorados, etc.

 

EL TOBOSO (A 30 KM)


Hogar de Dulcinea, en esta villa podemos visitar un museo cervantino y la casa de Dulcinea, donde vivió Ana de Zarco de Morales, de la que dicen que anduvo enamorado Miguel de Cervantes.

 

 

YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO DE SEGÓBRIGA (A 42 KM)


Segóbriga constituye una de las ciudades romanas mejor conservadas y el más importante conjunto arqueológico de la Meseta.

 

El espacio sobre el que se ubica la ciudad, impulsada por el emperador Augusto, estuvo ya habitado por culturas prerromanas.

 

CAMPO DE CRIPTANA (A 46 KM)


Merece la pena la visita de su magnífico conjunto de molinos de viento. Uno de ellos alberga un museo de Sara Montiel, personaje ilustre de esta villa.

 

MONASTERIO DE UCLÉS (A 56 KM)


Debido al largo período de ejecución de las obras, el Monasterio de Uclés presenta tres estilos arquitectónicos: plateresco en el ala este del monasterio, de la primera mitad del siglo XVI; herreriano en la iglesia, que ocupa el ala norte; y barroco en el resto del monasterio erigido durante el siglo XVII. Culmina con su fachada churrigueresca.

 

ALARCÓN (A 70 KM)


Villa declarada conjunto histórico-artístico que se erige sobre un promontorio rodeado por el río Júcar. El castillo, de origen árabe, forma parte del conjunto de murallasfortificaciones que rodean esta localidad conquense. 

En la antigua Iglesia de San Juan Bautista, encontramos las Pinturas Murales de Jesús Mateo, protegidas por la Unesco por su alto interés artístico mundial. Y que el escritor José Saramago describe de esta forma: "Pensé entonces que Jesús Mateo [...] había logrado, gracias a la introducción inteligente y criteriosamente medida de signos y símbolos sin costo identificables, fundir en una expresión única, y casi diría unísona, como un coro de voces, como un políptico en perspectiva reunido en un solo punto de fuga, las enormes paredes que subían del suelo arrastrando consigo todos los colores sordos de la tierra para ir al encuentro de los colores luminosos del aire".